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SI QUIERES UNAS VACACIONES AUTÉNTICAS HUYE DE LAS FALSIFICACIONES NAVIDEÑAS

Posted on 27/12/2018 by balder

Nos rodean. Los productos falsificados inundan calles comerciales y mercados navideños. El verano y las vacaciones junto con la Navidad son los momentos de mayor consumo de este tipo de productos que se forman parte de los paisajes navideños. El paseíto por la tarde-noche visitando los mercadillos de la zona es muy agradable siempre que ayudemos a comerciantes locales y artesanos y evitemos los productos falsos.

No hacemos ningún favor a quienes las venden que suelen ser víctimas de mafias de tráfico de personas, no estamos ahorrándonos unos eurillos al comprar esa camiseta de fútbol, ese bolso de moda o esas zapatillas (aparentemente de marca) … estamos contribuyendo a una actividad ilícita que alimenta a las grandes mafias y además en muchos casos estamos poniendo en riesgo nuestra salud. Se falsifica todo. Hasta el vino. Hace unos días leíamos la incautación de botellas de vino de Ribera del Duero y latas de huevas de caviar chino que se vendía como caviar iraní…

También se falsifican los juguetes, los perfumes, los cosméticos, las pilas, los medicamentos…

Pero no sólo eso. Muchos pequeños comerciantes están esperando estas fechas para obtener la mayor parte de las ventas que harás en el año: esas tiendas que pagan sus licencias, alquileres, sus impuestos, que contratan a trabajadores temporales para atender a una mayor demanda, que tienen que vender a precios razonables porque soportan la carga fiscal, laboral y administrativa de cualquier comercio legal… Esos comercios sufren el impacto de la venta ilegal. Ojo, no confundamos la venta ambulante con la venta ilegal. La venta ambulante requiere también sus licencias y sus permisos. Los mercadillos están regulados y a ellos también les perjudican los manteros y otros que ocupan espacios por los que ellos pagan.

Ahora que tan de moda está hablar de responsabilidad social, con nuestros actos cotidianos también podemos frenar este fenómeno que perjudica a nuestra economía y alimenta y engorda los bolsillos de unos pocos.  Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado saben que los mismos que explotan las redes de falsificaciones, participan de las mafias de explotación de las personas que acuden desesperadas a ellas, están implicados también en redes de tráfico de drogas y de armas. El negocio de las falsificaciones implica un porcentaje del comercio mundial (más de un 2´5 %), y no paga impuestos ni pasa los filtros legales y de calidad que el comercio lícito. Según algunas estadísticas supone hasta un 10% de pérdidas para el pequeño comercio además del impacto en puestos de trabajo… ¿No llama la atención que cada vez existen menos comercios pequeños? Calles que antaño consistían en una sucesión colorista y variada de tiendas, hoy son locales en alquiler o en venta.

Seamos responsable en el consumo. Las campañas de concienciación, por ejemplo, de ahorro de agua apelan a la conciencia colectiva: un acto de un consumidor apenas se nota, pero entre todos podemos poner límites a una actividad perjudicial para todos.

En algunos países como en Italia, se multa el consumo de falsificaciones. Es una opción que legislativamente tiene el efecto disuasorio esperado. De hecho, en Italia, acaban de elevar las sanciones, hasta 7000 euros. Este tipo de medidas son impopulares, pero a menudo (sucede en el caso de las multas de tráfico) son recursos útiles.

Otra cuestión interesante es por qué se compran falsificaciones. Un bolso de marca que sólo consiste en un bolso de plástico con una chapa, una camiseta de tejidos a menudo inflamables o zapatillas hechas de plástico y materiales poco saludables que sólo portan el logo de una marca conocida ¿a quién se pretende engañar?

Sólo una conciencia colectiva y una responsabilidad social bien entendida puede ayudar a solucionar este problema: si no hay demanda, no habrá oferta. Y la excusa de ayudar a los manteros o vendedores es a menudo una disculpa que se queda en la superficie y que desconoce dónde van a parar los miles de euros que genera este tráfico ilegal. A los bolsillos de los vendedores, desde luego no.

No sucumbamos a estas tentaciones: hay comercio legal y local de allí donde viajemos. Fomentemos la riqueza local y cada año volveremos a nuestro destino de vacaciones y encontraremos pueblos y ciudades que pueden vivir de lo que lícitamente generan.