Licenciada en Derecho

A pesar de que Karin se licenció en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid en 1999, no comenzó a trabajar inmediatamente como abogada, sino que primero se mudó a Berlín, Alemania, donde empezó a estudiar Economía en la Freie Universität. Tras cuatro años estudiando, trabajando y -¿por qué no?- también divirtiéndose en la excitante capital alemana, se mudó a Praga, donde trabajó un año en la Oficina Comercial de la Embajada Española como experta en Comercio Exterior.

Tras su experiencia checa, durante la cual no pudo evitar convertirse en fan de la fantástica cerveza checa, la nostalgia hizo regresar a Karin a su ciudad natal Madrid y en 2004 se unió a uno de los despachos especializados en Propiedad Industrial más importantes, donde descubrió su pasión por la Propiedad Industrial y, en particular, por las Marcas.

Debido a su procedencia mixta (de madre austríaca y padre español), y a sus aptitudes lingüísticas, durante ocho años estuvo ocupándose de las carteras de marcas de clientes extranjeros. Dicho trabajo incluyó investigaciones, estrategia de presentación de marcas, oposiciones y cancelaciones en distintas jurisdicciones, como España, la UE y Latinoamérica.

En 2012 le surgió la oportunidad de unirse a BALDER. No dudó ni un segundo en unirse al reto de formar parte de este nuevo despacho a la vista de las cualidades de sus miembros fundadores, cuyas principales características podrían resumirse en una alta motivación, profesionalidad y entusiasmo que resultan contagiosos, así como en la posibilidad que ofrecen a sus integrantes de formarse y crecer profesionalmente. Es un placer poder comprobar que estas características siguen intactas en los miembros de BALDER años después, lo que se resume a la perfección en el slogan de la empresa “Motivated people!”.

En los últimos tiempos, Karin ha virado en su trabajo más hacia el tratamiento de asuntos legales y adquiriendo nuevas competencias profesionales, sin dejar por supuesto el mundo de las marcas, el cual le sigue apasionando. Y es que, como ya dijo Yoda: No existen los límites, sólo nuestros miedos nos detienen.

El poco tiempo libre del que dispone Karin se lo dedica principalmente a sus tres hijos, gracias a los cuales puede decir que no sólo es experta en propiedad industrial sino también en películas de animación, construir Legos® y cantar canciones de cabo a rabo como la de “Let it go” de la película Frozen (desafinando bastante, eso sí).